Salud: se gasta más para menos pacientes
Lunes 28 de Marzo de 2016

Según un estudio, el presupuesto en Mendoza aumentó 108% entre 2003 y 2013. Sin embargo, bajó la cantidad de atenciones y empeoró el servicio.

El gasto en salud es siempre insuficiente, dicen quienes están involucrados en el tema, particularmente en las últimas décadas en que los avances tecnológicos exigen inversión en este sentido. 

“En general, en la mayoría de los países -incluyendo Argentina- se registra un gasto creciente en asistencia médica, superior al crecimiento de la economía”, señala un estudio realizado por el Instituto de Salud Pública y Gestión Sanitaria (ISG), una organización local que investiga la problemática sanitaria.

Según este estudio, entre 2003 y 2013 el presupuesto de la salud pública en Mendoza se incrementó 108% (sin tener en cuenta la inflación). Sin embargo, tal aumento no se ha visto reflejado en la productividad del sistema. 

El análisis contempló tres componentes de la salud pública: recursos humanos, gastos operativos y bienes de capital, en los que se aprecia una evolución dispar. “Mientras los gastos operativos se han mantenido relativamente estables, el gasto en recursos humanos ha crecido un 250%”, refiere el informe. Agrega que puede atribuirse al aumento de personal y/o de los salarios. 

Asimismo, señala que este incremento no guarda relación con el aumento de las prestaciones ni de la demanda sino que, por el contrario, se aprecia que éstas han disminuido.

“Las estadísticas muestran una disminución sostenida de las consultas y egresos en los establecimientos públicos, con un leve repunte en los tres últimos años pero sin llegar a los niveles de 2003 y 2004, y una disminución de los gastos operativos, que deberían incrementarse si se hubieran incorporado de modo significativo nuevas prestaciones, generalmente de mayor complejidad, a la cartera de servicios”, agregan desde el ISG. 

Como contrapartida, el documento destaca que la cobertura en seguridad social aumentó. Entre 2001 y 2010 pasó del 49 al 63%, lo cual implica que menos personas dependen del sistema público para atender su salud. Así, si en 2001 eran 799.302 los mendocinos sin cobertura, en 2010 bajaron a 636.875. 

El ministro de Salud, Rubén Giacchi, consideró que el incremento del presupuesto en la década en cuestión es mucho si se tiene en cuenta la falta de impacto en las prestaciones: el sistema no mejora y la atención se achica. Destacó que luego de analizar cuestiones como consultas ambulatorias, cirugías y guardias, “indicadores duros de gestión que permiten ver la producción, en vez de haber aumentado se mantuvieron y muchos incluso disminuyeron”. La baja es particularmente notoria en los centros de salud.

Sin embargo, para Isabel del Pópolo, secretaria general de Ampros, los resultados de este estudio son dudosos porque -según ella- no ha tomado todas las variables a considerar.

Enumeró por ejemplo el hecho de que no pueden ignorarse la inflación y las fluctuaciones del dólar, porque la mayor parte de los insumos médicos se pagan en esa moneda; o que, en los efectores, un mismo paciente puede haber ingresado varias veces por un seguimiento de su caso. “Es un estudio poco práctico. Hay que considerar que cuando hay una crisis la gente se vuelca hacia la salud pública y cuando no, esto disminuye”. 

El escenario actual
Los gastos en salud pública se incrementan fundamentalmente por el recambio tecnológico. Sin embargo, en los hospitales de Mendoza hay una desinversión importante en este aspecto, según reconoce el gobierno. 

Además, la mayor expectativa de vida implica que hay más adultos mayores que demandan servicios. Lo que plantea el ISG es que se requiere sobre todo organización para dar respuesta a este nuevo contexto.

Pero en cuanto al recurso humano, entre 2003 y 2013 “no se modificó la relación contractual, tampoco la jornada de 4 horas para los profesionales que es un obstáculo importante para mejorar el rendimiento. La remuneración es independiente del desempeño y está ausente la valoración del mérito para la promoción”.

El estudio asegura que en la actividad hospitalaria tampoco hubo cambios que tendieran a lograr más eficiencia en la atención sanitaria. Toma como ejemplo el Hospital Central, donde la estadía por cama es de entre 16 y 20 días para el egreso quirúrgico más frecuente (la colecistectomía). De ese tiempo, las tres cuartas partes es preoperatorio. 

Ante esto, el ISG destaca que “reducir el promedio de días de estada del conjunto de las internaciones en un 25% significaría que no faltan camas sino que, bien gestionadas, son suficientes”. 

Del Pópolo explicó que esto es lo que se llama ‘giro cama’ y que todo tiene una base económica. En determinadas situaciones el paciente no puede ser enviado al domicilio, no hay dinero para la prótesis o no se puede hacer un diagnóstico rápido por falta de aparatología. Todo esto dilata los tiempos de internación. 

Desde el punto de vista del ministro Giacchi, en la salud pública “se incrementó demasiado el gasto ineficiente, aumentó mucho en recursos humanos sin que hubiese más producción. Hay mala gestión en la compra de insumos y falta de inversión en tecnología. Hay gastos administrativos exagerados y gastos a la seguridad social que no fueron recuperados”. 

Además, destacó que “si se invierte y se mejora está muy bien. Si se hubieran aumentado las atenciones se justifica pero -insistió- el recurso fue pésimamente mal administrado”. 

Desde el punto de vista de Del Pópolo, “el presupuesto es escaso: los hospitales hacen presupuestos y se les otorga menos. Entonces no pueden hacer mantenimiento”. Concluyó la dirigente gremial: “No nos hemos sentado a ver qué política de salud queremos para los mendocinos. Cuando eso pueda hacerse veremos qué medidas hay que tomar”.

Una situación “insostenible”

Así califica el ISG el panorama: “Esta realidad lleva a una situación insostenible en el tiempo que requiere mayor eficiencia en la asignación y gestión de los recursos”.

Señala que es necesario “lograr que la asignación se realice priorizando aquellas acciones que aportan más beneficios, en términos de salud, al conjunto de la población y gestionar de modo de obtener el máximo rendimiento de cada peso empleado. El desperdicio que supone la ineficiencia se traduce en inequidad en el acceso a una atención médica oportuna y de calidad, en perjuicio de los sectores menos aventajados de la sociedad”. 

Fuente: Diario Los Andes - Verónica De Vita - vdevita@losandes.com.ar

 


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